La “tranquilidad”, la esperanza y la fe inquebrantable de la familia de Abel Ortiz para que se conozca la verdad

Con la decisión judicial de mandar otra vez a la cárcel a Alejandra Espinosa, el interrogante sobre la desaparición de “Pochi” se mantiene abierto.

Los hermanos de Abel Ortiz siempre dijeron que Alejandra Espinosa era una de las puertas para llegar a la verdad y saber qué pasó realmente. “Todo conduce siempre a las mismas personas. Siempre ocultaron y taparon pruebas”, es la certeza que tienen. El 16 de septiembre se cumplirán 10 años de la desaparición de “Pochi”.

Cuando la semana pasada el Tribunal de Impugnaciones de Villa Mercedes revocó la libertad de la peluquera y la mandó otra vez a la cárcel, la primera sensación que invadió a la familia de Ortiz fue “tranquilidad”. Carolina lo describió que era “la palabra justa” que ahora les devuelve un poquito la esperanza.

“La tranquilidad de que vamos a salir y no la vamos a encontrar en la calle, que ya no tendremos miedo por nuestros hijos. En medio de la tristeza, eso es lo que nos une. Que hay otras causas pendientes que demuestran que esta persona (Espinosa) es peligrosa no solo para nosotros, sino para la sociedad”, dijo en un contacto con El Chorrillero.

No hay un solo día que Ferminia, que está a punto de cumplir 80 años, no llore la ausencia de su hijo. Es por el recuerdo que “Pochi” vive en sus hermanos, aunque haya un hueco que les atraviesa el alma.

Abel siempre trabajó con su padre en el campo, y le ayudaba a alambrar los terrenos. Hay muchas fotos que lo muestran sonriente en plena tarea, y otras tantas donde está con los sobrinos, y con sus nueve hermanos en las cenas de Navidad. Siempre “buen mozo”, con camisa y pantalón de vestir, luce feliz. Su vida era sencilla y humilde.

Con 21 años conoció a Espinosa (que era mayor y separada), con quien estuvo en pareja durante siete años. Después pasaron cosas. Sus rastros desaparecieron el día que salió de la casa donde vivía con su hermana (en La Ribera) para ir al gimnasio y después encontrarse con Espinosa.

“Lo que nos mantiene en pie es la esperanza de que va a salir todo a la luz. Tenemos la certeza y la seguridad que estas personas son las responsables de la desaparición”, dijo Carolina con una fe en Dios que es inquebrantable. Ella también llora cuando vuelve el recuerdo de ese hermano, cuando le preguntan: “Su voz y su sonrisa tan hermosa están grabadas por siempre en mi corazón”.

Carolina Ortiz.

Sí hay esperanzas de justicia

“Nos dijeron que este año se estaría realizando el juicio por la asociación ilícita donde están nombradas las mismas personas sospechadas de la desaparición. Cómo no tener fe que alguien hable, que aparezca un testigo nuevo, que surja algo. Muchas personas siempre te aconsejan de soltar, de que ya pasó, pero nosotros dejamos las cosas en manos de Dios. Es muy difícil cuando te falta un hijo, cuando te lo desaparecieron, cuando sabemos que sería muy distinto el poder haberlo encontrado, y poder sepultarlo. Mi madre sigue viviendo por los hijos que le quedaron, pero su sonrisa nunca volvió a ser la misma”, transmitió.

Espinosa estuvo siempre en la mira de las sospechas. Fue privada de la libertad junto al ex policía Marcelo Acevedo, pero nunca la Justicia pudo dar con una pista que los lleve a Ortiz.

Las investigaciones tomaron diferentes aristas y se produjeron nuevas acusaciones en su contra. La que la llevó nuevamente a prisión el 22 de agosto de 2021 (junto a su hija Verónica Villegas) fue la agresión contra Agustín Figueroa en 2014. La medida la dispuso el por entonces juez Penal Nº 2, Leandro Estrada, quien abrió un nuevo capítulo sobre la existencia de Ortiz.

Libre

Espinosa gozó de la libertad solo tres meses. La familia de “Pochi” (con el patrocinio de Bautista Rivadera) y el fiscal de Juicio Néstor Lucero apelaron y pidieron la nulidad de la medida de Matías Farinazzo Tempestini, quien el 20 de enero dispuso el cese de la prisión preventiva. La conclusión se inclinó a favor de las víctimas.

El 30 de abril el Tribunal integrado por María Bocca, Marcelo Bustamante Marone y Yanina del Viso volvió todo para atrás. Dispuso la detención de la mujer y su traslado al Servicio Penitenciario provincial, al considerar, entre otras cosas, que “en la causa se han violado premisas de carácter esencial para el procedimiento, infringiéndose disposiciones expresas de la ley penal adjetiva aplicable al caso, y que no resultan subsanables por lo que traen aparejada la nulidad absoluta de lo actuado”.

Alejandra Espinosa, a los pocos días de ser liberada en enero pasado.

El enfrentamiento de dos familias en el barrio Eva Perón 1

La agresión contra Figueroa sucedió el 20 de marzo de 2014 (calificada como “homicidio simple calificado por el empleo de un arma de fuego en grado de tentativa”). En el caso que reconstruyó Estrada, tuvo como protagonistas a Ortiz, y concluyó que el hecho tiene relación con la desaparición. Más tarde la procesó (junto a Acevedo otra vez) por asociación ilícita.

Lo que enfrentó a las familias comenzó cuando Espinosa descubrió que de su casa había desaparecido un pen drive que guardaba fotos y video de ella manteniendo relaciones sexuales con Ortiz. Atribuyó esa pérdida a su vecino, Agustín, por lo cual comenzó con los reclamos a la madre del chico porque lo quería recuperar. Ante el juez, Ana Figueroa la acusó: “Me dijo que si no aparecía al otro día tenía toda la Policía en mi casa y me armaba una causa”.

Agustín reconoció que le había sacado el dispositivo pero que lo había vendido a un vecino, y recordó lo que la mujer le dijo: “Si no se lo daba le iba a pasar algo a alguien de mi familia, que había cosas importantes que podían perjudicar a ella. Yo se le devuelvo y ahí me dice que si alguna foto o video se viralizaba en la calle me iba a mandar a matar”. Cuando recuperó el dispositivo ya no tenía nada registrado.

Unos días más tarde. Espinosa acusó a uno de los hermanos de Agustín (Juan Pablo) de haber “abusado” de su hijo de 8 años. Y por eso organizó una “pueblada” contra la casa de los Figueroa. La propiedad fue atacada con piedras y también prendida fuego.

Consta en la investigación que cuando Agustín (que en ese momento tenía 17 años) salió a buscar “apoyo a vecinos de otros barrios” fue alcanzado por un disparo (ejecutado con un arma 9 milímetros), el cual le ingresó por el glúteo derecho. Y además comprueba que, mediante el dermo test, el disparo lo hizo Villegas: había residuos de plomo en su mano izquierda.

Abel en una cena de Navidad.

El caso fue instruido por la Comisaría 9° que tenía como jefe a Acevedo.

Lo que ocurrió alrededor llamó la atención del juez. Los procedimientos se realizaron 6 días después de ocurridos los hechos, y se allanó el domicilio de los Figueroa, sin justificativo en el sumario policial. Tampoco se hizo pericia por el incendio ni tampoco se instrumentó una inspección ocular en el lugar o “rastrillaje” con el fin de secuestrar proyectiles o vainas servidas; “bombas caseras” u otros que provocaron el fuego.

El herido tampoco fue revisado por el médico policial, un protocolo que se cumple en todos los sumarios donde una persona resulta lesionada.

Estrada tuvo en cuenta que esas “omisiones” no solo “exceden el marco de la negligencia”, sino que representan la “intención de beneficiar a las imputadas”.

Ante el magistrado, Espinosa se sacó de encima la responsabilidad e involucró a Ortiz. Lo señaló como el responsable de provocar el incendio a los vecinos y también de dispararle al joven. Otras tres testigos también lo hicieron: Yamila Barrios, Rosa López y Luciana Mardone. Declararon que Abel fue quien disparó.

Sin embargo esto último fue desacreditado. Ninguna de las tres testigos observaron “de manera directa” ese acto, y consideró que introdujeron “una falsedad” pues indicaron “que los disparos fueron efectuados desde el techo, que según refieren en el mismo relato, tenía una altura de dos metros y medio a tres”. La referencia fue considerada “materialmente imposible”, ya que la bala que ingresó al cuerpo del chico “tuvo un recorrido ascendente”.

Fue a partir de eso y con todas las pruebas incorporadas que la Justicia avanzó en las sospechas de una “asociación ilícita” que apunta a la complicidad policial, y por eso Acevedo está procesado. También dos amigas de Espinosa, María Vázquez y Marcela Rodríguez están involucradas.

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