Los riñones sufren en silencio: por qué no hay que esperar a que den señales y 8 reglas de oro

La orina da pistas sobre la salud de los riñones. Pero no hay que esperar a que esos indicadores aparezcan al ir al baño (al hacer pis con mucha espuma, por ejemplo). Lo aconsejable, insisten los especialistas en el Día Mundial del Riñón, es medir su funcionamiento mediante análisis de rutina muy simples que permiten detectar enfermedad renal crónica en etapas tempranas.

Los riñones cumplen funciones claves en el organismo, la principal es la de filtrar las sustancias tóxicas generadas por el metabolismo y eliminarlas a través de la orina. Cuando no funcionan bien, esas toxinas se acumulan en la sangre.

También contribuyen a mantener el equilibrio adecuado de agua y sales, ácidos y minerales, por lo que su función está estrechamente ligada -para bien y para mal- a la presión arterial.

Pese a su rol vital, es probable que la mayoría no sepa de qué se encargan, a diferencia de lo que ocurre con el corazón o los pulmones, por nombrar a dos órganos a los que se les presta más atención.

Ese desconocimiento se traslada a la enfermedad renal crónica (ERC): “En Argentina, cerca de 5 millones de personas enfrentan algún grado de enfermedad renal crónica, y sorprendentemente, solo 1 de cada 10 es consciente de su condición”, advierte María Marina Papaginovic Leiva, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nefrología (SAN).

En la actualidad, la enfermedad renal es la octava causa de muerte y, si se deja sin abordaje y atención, se proyecta que será la quinta en 2040, destacan la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones del Riñón – Alianza Mundial del Riñón (IFKF-WKA), que impulsan en forma conjunta el Día Mundial del Riñón, que se conmemora hoy.

Cinco etapas

La médica habla de “epidemia renal”, en relación a que la ERC ha alcanzado proporciones epidémicas, al igual que otras enfermedades a las que está fuertemente ligada: diabetes, hipertensión y obesidad.

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La función renal declina naturalmente con la edad: 4 de cada 10 mayores de 65 años viven con algún grado de ERC. Pero vivir con glucosa en sangre elevada (diabetes), presión alta (hipertensión) y exceso de peso, acelera ese proceso en el más absoluto silencio.

La ERC se clasifica en 5 estadios. En los primeros tres, no da síntomas. Es decir que una persona puede llegar a perder hasta el 70% de su función renal sin darse cuenta.

“Cuando comienzan los síntomas, en el estadio 3b (proteinuria u orina con abundante espuma), su progreso ya es irreversible y se necesita iniciar un tratamiento de manera inmediata para evitar que el riñón deje de funcionar”, explica el nefrólogo Carlos Bonanno, presidente de la SAN.

Buscar la enfermedad renal

Cuando los riñones dan síntomas de que no están funcionando bien (espuma en la orina, edema de tobillos, fatiga, problemas de concentración, pérdida del apetito, entre otros), la enfermedad renal ya se encuentra avanzada.

Por eso, coinciden los especialistas, hay que buscarla antes de llegar a esa etapa, ya que el diagnóstico precoz permite tomar medidas que detengan su progresión.

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Según Bonnano, es de “vital importancia la búsqueda activa de la enfermedad en personas en mayor riesgo, como hipertensión arterial, diabetes, sobrepeso y enfermedad cardiovascular”, entre otras.

Cómo se detecta la enfermedad renal

La enfermedad renal es una de las más fáciles de diagnosticar, afirman los especialistas.

Para detectarla se realiza un análisis de sangre en el que se mide la creatinina, lo que ayuda a evaluar la eficacia del filtrado renal. Y en uno de orina se puede medir la presencia de proteínas (albúmina), que es un marcador de daño de los riñones.

Esos análisis se pueden realizar en el mismo control de rutina en el que se miden la glucosa o el colesterol, resaltan. “Tenemos que hacer famosa a la creatinina”, proponía en el marco del Día Mundial del Riñón de 2022 el nefrólogo Guillermo Rosa Diez, ex presidente de la SAN.

Dado que la ERC debe sospecharse en personas con diabetes, hipertensión arterial y mayores de 50 años (aunque puede presentarse a cualquier edad), según los especialistas sí o sí deberían realizarse al menos un control anual para evaluar su función renal quienes presentan uno o más de esos factores de riesgo, entre los que también incluyen a la obesidad.

En la infancia, deben ser controlados quienes tengan alguna enfermedad renal congénita, hayan tenido síndrome urémico hemolítico o padezcan infecciones urinarias frecuentes.

¿Cómo se trata la ERC?

Dado que la función perdida no se recupera y la ERC no se cura, en etapas iniciales el tratamiento está enfocado en evitar que la enfermedad progrese. El abordaje incluye cambios de hábitos y medicamentos que pueden ayudar a retrasar la evolución de la enfermedad renal, así como el control de las condiciones de salud asociadas.

En el estadio 5, cuando ya hay falla renal, se deben realizar terapias sustitutivas de la función del riñón, como la diálisis y/o el trasplante renal . En Argentina, unas 30.000 personas requieren tratamiento de diálisis; y casi 5.500 personas se encuentran a la espera de un trasplante renal, según cifras del INCUCAI.

“Llevar adelante un tratamiento adecuado, que atienda a las enfermedades asociadas con la enfermedad renal crónica, como la diabetes tipo 2 o la hipertensión arterial, es fundamental”, destaca Bonnano.

Y añade que “el diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado y en tiempo oportuno, que aborde sus causas, puede prevenir la progresión de la enfermedad, o bien enlentecer su continuidad hacia el fallo del riñón“.

“Durante las últimas tres décadas, los esfuerzos de tratamiento de la ERC se han centrado en la preparación y administración de terapias de reemplazo renal. Sin embargo, los avances terapéuticos recientes ofrecen oportunidades sin precedentes para prevenir o retrasar enfermedades y mitigar complicaciones como las enfermedades cardiovasculares y la insuficiencia renal, prolongando en última instancia la calidad y cantidad de vida de las personas que viven con ERC”, subrayan las entidades nucleadas en la ISN y la Alianza Mundial del Riñón.

No obstante, señalan que en la actualidad son varias las barreras que contribuyen a que existan “profundas disparidades en el acceso” a estas nuevas terapias “que deberían ser universalmente accesibles para todos los pacientes”.

Prevención: ocho reglas de oro

Pero antes que tratar, los especialistas hacen foco en la importancia de la prevención.

En ese sentido, y en línea con las sociedades internacionales, Papaginovic Leiva enumera desde la SAN las ocho reglas de oro para cuidarla salud renal.

Vida activa: Realizar actividad física de manera regular para mantenerse en forma y en un peso adecuado. El ejercicio ayuda a reducir la presión arterial y, por lo tanto, disminuye el riesgo de enfermedad renal crónica.

Alimentación saludable: Una dieta rica en vegetales y el control del peso contribuyen a mantener los parámetros adecuados según indicación médica. Esto ayuda también a controlar la diabetes y la hipertensión, que acompañan el daño renal. A su vez, no debemos perder de vista la reducción del consumo de sal. Su ingesta recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 5 y 6 gramos de sal por día.

Revisar y controlar el nivel de azúcar en sangre: Se debe monitorizar el nivel de azúcar en sangre ya que es la primera causa de desarrollo de algún deterioro o daño renal, por lo cual, es indispensable que las personas que padecen diabetes se realicen exámenes frecuentes para monitorear su funcionamiento renal.

Revisar y controlar la presión arterial: Se debe controlar la presión arterial ya que es una de las causas más frecuentes que alteran el buen funcionamiento de los riñones cuando no está monitoreada, junto al colesterol alto y las enfermedades cardiovasculares.

Mantener una ingesta de líquidos apropiada: Estar hidratado es sumamente importante. El consumo de agua debe ser de alrededor de 1.5 o 2 litros por día para tratar de reducir el riesgo de deterioro de la función renal.

No fumar: Es sabido que el tabaquismo altera la circulación y, por lo tanto, puede alterar la función renal.

No autoprescribirse analgésicos y antiinflamatorios: No se debe utilizar fármacos que puedan dañar los riñones ni automedicarse. Siempre hay que consultar con el médico de cabecera para evitar daños colaterales.

Pedir el control de la función renal si se tiene uno o más factores de alto riesgo: Realizar controles médicos en forma periódica o de acuerdo a la necesidad que indique el profesional médico.

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